La Fiesta de la Entrada de los Santos hace 116 años

La siguiente es una transcripción de un artículo sobre la entrada de los Santos publicada en el diario El Ramonense (Año 1, Número 14)  el 8 de Setiembre de 1901, hace ya 116 años. El artículo es firmado por VERCINGETORIX (se asume es referencia a un rey de la tribu de Arverni que vivió en el periodo 82-46 AC en Europa)

Hay muchos aspectos históricos que valen la pena rescatar. 

La Fiesta de Nonato

Era la víspera del día en que se celebra la festividad del patrono de este pueblo.

A las doce, pues del 30 del pasado Agosto, hora designada para la entrada de las imágenes de los santos a la Iglesia Parroquial, se presentaron a ella en hombros de fidelísimos devotos las de los barrios o distritos en que, en número de doce, está dividido actualmente el cantón de S. Ramón. Allí vimos la imagen de Santiago el Mayor ostentando en su diestra la espada del guerrero, la de Juan el Bautista con su vestido de sencillas pieles, la del santo español Isidro con los dóciles y pacientes bueyes que tiran del arado, la de Rafael el Arcángel elevando junto a sí a Tobías con el pez que curó milagrosamente la ceguera de su padre, la de San Francisco de Asís, en fin, la de la excelsa Virgen a quien el Catolicismo considera como la más alta personificación de la santidad y como la más sublime y divina mediadora entre el Creador y el hombre que es su creatura predilecta.

A las 8 p.m. afluía a la Iglesia un número considerable de vecinos, deseosos de contemplar los hermosos jugos pirotécnicos que nuestros hábiles polvoristas don Patrocinio y don Recadero Ugalde habían al efecto preparado. Dirigida por nuestro amigo don Pedro J. Prado, la Filarmonía daba en tanto el aire sus armoniosas notas y halagaba nuestros oídos con la ejecución de bonitas y escogidas piezas. Por fin nos retiramos todos, pero dos horas antes de que el astro rey asomara por el Oriente su gigantesca é ígnea cabellera, ya los discípulos de Euterpe recorrían las calles de la población despertando con su alegre música a los soñolientos moradores que, como es natural, reposábamos entonces tranquilamente en brazos de Morfeo. Los gratos sones ahuyentaron de nosotros el sueño de tal modo que cuando las aves comenzaron a entonar sus matinales trinos, ya muy campantes muchos nos hallábamos en pie. Hermosísima estaba la mañana del 31, pues hasta las mismas nubes, cabalgando muy temprano en aéreos y rápidos corceles transmontaron con presteza las meridionales y próximas colinas y fueron ese día a derramar sus cristalinas lágrimas muy lejos del valle en que se levanta la población acariciada por los alisios regulares que nos traen la humedad y la frescura de las regiones selváticas del Norte. Como teníamos deseos de oír al ilustrado Cura de la Parroquia de Aserrí don José Añibaro, quien nos ha hecho la honra de permanecer unos cuantos días entre nosotros, dispusimos asistir a la misa solemne que debían celebrar nuestro cura Párraco Presbo. don José Pineiro, el Cura de Palmares don Manuel Gómez, y don Juan J. Valverde. Oficiaron dicha misa los señores don Vicente Castro, don Manuel Mora y las señoritas Gertrudis Valverde y Talia Araya, cuya simpática y dulce voz hemos otras veces escuchado con delicia.

Párrafo aparte, dedicaremos al sermón del Padre Añibaro, de quien –dicho sea de paso- habíamos ya leído una oda escrita por él en honor del grande y sabio Pontífice León XIII. El panegírico que hizo de nuestro patrono gusto sobremanera a todos los que tuvimos el gusto de escucharlo. Al oír la vibrante voz del Orador sagrado, al repercutir en nuestra alma los acentos de una inspiración nacida al calor del sentimiento religioso y por el talento é ilustración del esclarecido sacerdote sostenida, al sentir la belleza de las imágenes y notar los grandieloenentes rasgos con que el panegirista realzaba y engrandecía la figura del que realizó actos de sublime caridad y dejó en la memoria de los hombres recuerdos imperecederos de sus santidad y sus virtudes, nos parecía ver a San Ramón cruzar el gaditano Estrecho para ir a derramar la semilla de la religión y de la fé en el seno de pueblos atraídos por el siniestro resplandor de la cimitarra musulmana y fanáticamente enloquecidos por las materiales recompensas y paraísos imaginarios que el árabe impostor en su Korán les prometiera. Concluida la misa fuimos varios a la casa Cural para saludar y presentar nuestros respetos al Padre Añibaro, a quien deseamos toda suerte de dichas y ventura y de quién esperamos que o no sea esta la última vez que nos dispensa el honor de visitarnos.

A las 8 de la noche vimos también el salón “Club de Amigos” iluminado a giorno ¿Qué era aquello? Era simplemente un baile de los socios del mismo habían de un momento a otro improvisado, baile al cual no nos fue dable asistir, pero en el q’ según noticias que inquirimos al respecto, reinó la cordialidad y regocijo más completos.

VERCINGETORIX