El templo fortaleza

Por Camilo Rodríguez (#CamiloRodríguezChaverri, #ElLocodelasIglesias). Reproducido con permiso del autor.

Fue don Ramón Miranda el maestro de obras que estuvo al frente de la construcción del templo de San Ramón, hace casi noventa años. Ganaba 150 colones por mes. Sus peones ganaban 25 colones por mes.
Cuentan en San Ramón que uno de sus peones, Ramón Salas, estaba subido en lo más alto de la construcción y se cayó. Rebotó en el pavimento. Se levantó, se sacudió la ropa y siguió como si nada. Desde entonces lo conocieron como “Moncho de Hule”. Su esposa, doña Rita Soto, contaba que a Ramón le habían hecho placas y supuestamente le encontraron miles de fisuras en la columna tras esa caída y era un milagro que caminara.

 

 

 

El pueblo de San Ramón empezó a construir este templo en 1928, pero terminó hasta 26 años después. El templo fue consagrado hasta en 1954. Ramón Miranda se ocupó de las columnas. A este templo lo caracterizan unas columnas torneadas, únicas en el país. Son labradas. Veamos algunos detalles curiosos. La estructura metálica costó 50 mil colones. El mármol costó 200 mil colones. Todo el cemento costó 30 mil colones.
El templo tiene un diseño eclíptico entre gótico y románico. Tiene ilustraciones en las paredes similares a las de las iglesias de Aquiares y Sitio de Mata de Turrialba, así como del templo de San Vicente de Moravia.
Las campanas fueron traídas de España. Se llaman Aurora y Ramona. Las donó don Vicente Badilla. Una lleva el nombre de su esposa: Aurora.


El piso vino de Alemania. El altar mayor vino de Italia. Los vitrales fueron colocados muchos años después.
Las lámparas de cristal que adornan la nave central y las laterales fueron traídas de la antigua Checoslovaquia.
En este templo concluye una de las más hermosas fiestas religiosas de Costa Rica: La Entrada de los Santos de San Ramón.


El templo conserva las barandas que están alrededor del altar, algo que ya no ocurre en otros templos así de antiguos. Otro detalle es que colocaron al revés uno de los mosaicos, pero lo conservaron así como una particularidad especial.

El ingeniero civil Henry Alfaro, propietario de la empresa Grupo Incopoás, me contó que estuvo a cargo de la reestructuración, hace pocos años. Se encontró varillas de construcción de Alemania, de hace casi un siglo.
Este templo me parece una gran fortaleza. Y eso debe ser un templo: donde está Dios no hay fuerza que supere; donde tenemos a Dios, no caben los enemigos de la luz.