El Socorro de Piedades Sur: donde la montaña y el cielo se juntan

Vista del Socorro desde la calle del Alto. Al fondo el golfo de Nicoya.

Por Henry J. Quesada Pineda.

El pueblo de El Socorro es uno de esos pueblitos que muy pocos en San Ramón han sacado el rato para ir a conocer. Se ubica entre el río Victoria y Cerro del Azahar en el distrito de Piedades Sur. Por su altura y abundante bosque nuboso, es una zona fresca y llena de verde. Su historia y crecimiento está muy apegada al desarrollo minero y ganadero del San Ramón de siglo XIX.

Este artículo de investigación presenta una reseña histórica de los inicios, fundación y consolidación del pueblo de El Socorro. Las fuentes de información son varias: entrevistas a residentes, artículos arbitrados y documentos del Archivo Nacional de Costa Rica. Si usted es de apellido Carranza, Campos, Vázquez, Rodríguez, Villalobos, Montes, Anchía, Zúniga, Ramírez, Retana, o Alvarado; muy probable tenga una conexión con el pueblo de El Socorro, donde la montaña se junta con el cielo.

Presencia precolombina

Varios grupos indígenas se llegaron a instalar en El Socorro tal como lo demuestra evidencia encontrada en varias fincas del lugar. Aunque no se tiene mucha información al respecto, si se puede afirmar que eran grupos pequeños debido al volumen de evidencia encontrada (entierros y fragmentos precolombinos). La evidencia encontrada en varias excavaciones informales muestra que estos primeros residentes de estas montañas sabían trabajar con oro o lo intercambiaban con otros grupos (Rodríguez Alvarado 2021). Además se han encontrado objetos precolombinos de jade. Interesante es hacer nota que los únicos yacimientos de jade en el continente Americano están en Guatemala, lo cual demuestra que a través de muchos años este mineral llegó hasta el Socorro, muy probable a través de muchos intercambios entre varias generaciones de residentes precolombinos.

Migración a Piedades Sur

Antes de 1857 no hay información sobre los primeros colonos y la colonización del distrito de Piedades Sur. En el año de 1857 el señor Pío Villalobos hace uno de los primeros denuncios en lo que hoy es Piedades Sur, específicamente en el lugar conocido como Potrerillos. Este denuncio era muy extenso, más de 150 kilómetros cuadrados (ANCR 2021). Otro que le siguió el paso a Pío fue Ramón Zamora quién en 1858 denuncio varios terrenos y se los adjudicó a José Zamora, Juan de Jesús Rodríguez, Indalecio Chaves y Rafael Carbonero. Pasaron varios años después de estos denuncios iniciales de Villalobos y Zamora y fue hasta el año 1875 donde se empieza de nuevo a denunciar más terrenos en esta zona de San Ramón (ANCR 2021). Eran los tiempos en que el gobierno central de Costa Rica así como los municipios promovían los denuncios en lugares como Piedades Sur para iniciar el desarrollo económico de la región. Aparte de tierras para cultivar, aprovechamiento forestal y cría de ganado, la zona de Piedades Sur era atractivo por los yacimentos de oro, plata y cal que se sabía existían. Muchos pioneros denunciaban terrenos pero también lo hacían empresas foráneas que querían aprovechar estos yacimientos de minerales de forma más industrializada.

En Potrerillos de Piedades Sur y según la información del Archivo Nacional, se hicieron una larga lista de denuncios. Es muy probable que Potrerillos incluyera a lugares como Buena Vista o El Socorro. Otro lugar donde se hicieron muchos denuncios se conocía como Las Alacenas, lugar donde hoy es El Salvador. Esta lista muestra una gran mayoría de los denuncios que se hicieron en el distrito de Piedades Sur entre 1857 y 1912 (no se incluyen todos los denuncios).

  • 1857. Pío Villalobos. Los Potrerillos, 10 caballerías.
  • 1858. Ramón Zamora, 9 caballerías
  • 1875. Juan María Quesada. Terreno en Potrerillos
  • 1877. Cleto y Pablo Varela Chavarría, 10 caballerías
  • 1886. Pioquinto Quesada Zeledón y José Alvarado. En Las Alacenas.
  • 1886. Juan Varela Chavarría. 314 hectáreas
  • 1887. Juan Herrera Quesada. 500 hectáreas en Las Alacenas.
  • 1887. Lorenzo Sancho Ruíz y Nicéforo y Eustaquio Sancho Quesada. Terreno en Potrerillos y Buena Vista.
  • 1888. Luis Mena Jiménez y Rafael Jiménez Garbanzo. Un terreno baldío
  • 1888. Mercedes Campos Luna. Denuncia de mina de piedra de cal
  • 1889. Emeterio Gamboa Pérez. Mina de oro y plata al norte del río Barranca y al oeste de Potrerillos
  • 1889. Eugenia Arrieta Trejos.
  • 1889. Rafael Elizondo Solís. Mina de oro y plata.
  • 1889. José Araya Barrantes. Denuncio de baldío a orillas del río Barranca
  • 1889. José Antonio Valenciano Arroyo. Denuncio en Las Alacenas
  • 1890. Apolinar y José Antonio Valenciano Arroyo, Juan Gómez y Ramón Montero. Denuncio en Las Alacenas
  • 1890. Compañía Boston. Mina Entre los ríos Barranca y Quebrada de Potrerillos
  • 1894. Floripe Anchía Quesada. Terreno en Potrerillos
  • 1895. Floripe Anchía Quesada
  • 1895. Victorino y Pioquinto Quesada Zeledón. Mina de oro en cerro Pelón en Potrerillos
  • 1895. Toribio y Miguel Carranza Monge. Terreno en Potrerillos
  • 1895. José María Carranza y Sosa. Terreno en Potrerillos
  • 1896. Simón Anchía Quesada, Floripe Anchía Quesada, Custodio Anchía Quesada. Minas de oro cada uno en el Cedral.
  • 1896. Floripe Anchía y Quesada. 150 hectáreas en Potrerillos
  • 1896. Luis Castaing Alfaro y Rafael Herrera Faut. Varios terrenos.
  • 1896. José Araya Barrantes. Varios denuncios de terrenos.
  • 1896. Ramón Leitón Montero. Terreno
  • 1896. Carmen Solano Alfaro. Terreno de 500 hectáreas
  • 1896. Ramón Matamoros Rodríguez. Varios terrenos.
  • 1896. Lorenzo Sancho y Ruíz. Potrerillos y Buena Vista.
  • 1896. Rafael Jiménez Garbanzo y Luis Mena Jiménez. Terreno.
  • 1896. Domingo Alvarado Castro, Rafael Rodríguez Villalobos, por sí y su hijo. En Alacenas.
  • 1896. Valeriano Miranda Camacho y Julián Jiménez Rojas. Varios terrenos.
  • 1897. Nazario Castro Calderón. 500 hectáreas luego cedido a José Guadalupe Jiménez Castillo
  • 1899- Manuel y Vicente Cruz y Avila, Rafael Cruz y Solórzano y José Alvarado Vega. Terreno baldío en el Salvador
  • 1899. Jesús Anchía Quesada. Veta de oro y plata .
  • 1899. Pedro de Jesús y Juan Morera y Lorenzo Cambronero Chaves. Mina de oro en San Francisco.
  • 1901. Custodio Anchía Quesada y Floripe Anchía Quesada. 67 hectáreas
  • 1901. Francisco María Fuentes Quirós. Dos minas de oro.
  • 1903. Ramón Villalobos Araya, José Juan Martínez Gálvez, José Aguilar Fernández y Joaquín Monge Esquivel. Veta mineral de oro en El Salvador
  • 1905. Pioquinto Quesada Zeledón. Mina de oro y plata.
  • 1906. Ramón Villegas Arguedas, Juan Villegas Varela y otros. 148 hectáreas en Potrerillos
  • 1907. Jesús Carranza Oses. Deslinde y amojanamiento de finca en Potrerillos
  • 1908. Simón Anchía Carranza y Marcelino Rodríguez Murillo. Mino de oro y plata
  • 1909. José Varela Chavarría y Marcelino Varela Porras. Denuncio de 150 hectáreas cada uno
  • 1911. José Valenciano Arroyo, Jesús Cruz y Avila y otros. Tres vetas de oro en El Salvador
  • 1911. José Villalobos Valerio y otros. Dos vetas de oro en San Antonio.
  • 1912. Ambrosio Salas Benavides, Juan María Quesada González, Enrique Núñez Alfaro, Francisco Salas Álvarez y Rosendo Esquivel Maroto. Siete vetas de oro en Cedral

Estos denuncios son importantes para establecer en la línea del tiempo los apellidos y familias que llegaron a fundar y desarrollar el distrito de Piedades Sur a partir de 1857. Hubieron años donde se hizo una gran cantidad de denuncios como en 1896. Como data curioso, muchos de los denunciantes marcaban sus denuncios usando piedras enormes (mojones) que enterraban de forma vertical. Hoy se en día aun se pueden ver algunos de estos mojones en el pueblo de Potrerillos y en el centro de Piedades Sur, específicamente al frente de la delegación de la guardia rural.

Ejemplo de mojón que se usaba para marcar los límites de los denuncios en el distrito de Piedades Sur. Este se puede observar hoy en día al frente de la delegación de la guardia rural de Piedades Sur.

Igual que muchos pioneros hicieron sus denuncios de forma oficial, una gran cantidad de gente llegó a la zona y tomó posesión de terrenos baldíos o incluso dentro de los denuncios oficiales pero nunca se dieron a la tarea de oficialmente hacer el trámite. Es casi imposible saber cuantos y quiénes procedieron a tomar tierra de forma no oficial.

Iglesia de Piedades Sur. Alrededor de 1940.

La cantidad de personas que se vinieron a radicar a Piedades Sur es notaria para el año 1889, donde los vecinos hacen una solicitud oficial para obtener permiso para formar el cementerio. Para el año 1904, se tiene información censal de que los caseríos de Piedades Sur eran San Miguel, San Francisco, y Las Alacenas (hoy El Salvador) según Noriega (1904). En ese entonces, el distrito tenía apenas 1,443 habitantes. La primera mención de la población del caserío del Socorro se da en el censo de 1927.

Los inicios de El Socorro

No se tiene información de la fecha en que fue fundado El Socorro de Piedades Sur. Es muy probable que el caserío del Socorro nació como tal a la vera del camino que comunicaba Zapotal con Piedades Sur entre 1910 y 1920. Este camino aun existe y nace en el lugar que se le conoce como La Laguna. Desde este punto, el camino se enrumba hacia el norte buscando el pie del Cerro del Azahar y desde ahí desciende vertiginosamente hasta el río Victoria, donde luego continua por los cerros pelones hasta terminar en San Antonio de Zapotal. Este camino era la única vía de comunicación entre San Ramón y Zapotal hasta la mitad del siglo XX.  

Según varios documentos en el Archivo Nacional sobre denuncios y otros trámites con fecha entre 1892 y 1912, las referencias a Zapotal indicaban que se ubicaba en el distrito de Esparta, Miramar o San Ramón. Por ejemplo, en un denuncio hecho por los señores José María Solís Rodríguez, Juan Rodríguez Méndez y Francisco y Salvador Zamora Bustamante en 1892 se menciona a Zapotal y se indica que era parte de Esparta. Este denuncio era de 8000 hectáreas, 2000 para cada denunciante. En 1909 los señores Pedro Flores, Trinidad Badilla, Florentino y Rafael Cordero y Emilio Salas solicitan que la compañía Bella Vista los indemnice por mejoras que le hicieron a un terreno que pasó a ser parte de la compañía. En este documento se indica que dicho terreno está en el Zapotal de Miramar. Por último, en el año 1912 los señores Isaías Alpízar Cordero y Gerardo Alpízar Retana denuncian una veta de oro en el Zapotal, en la cabecera del río San Pedro de San Ramón.

Este desarrollo económico basado en denuncios de fincas y minas que se empezó a dar en Zapotal a partir de 1892 fue quizás el motivador para que se hiciera una vía de comunicación entre Piedades Sur y Zapotal. Esta vía sería alterna a la salida que había hacia Esparza en ese momento. El trazado del camino refleja lo complicado que era transitar entre los dos pueblos y muy probable, toda la zona de El Socorro era una densa montaña, casi impenetrable. Este camino se usó por varios años solo para comunicar a Zapotal con Piedades Sur hasta que entre 1910 y 1920 ya hay algunos residentes se empezaron a ubicar a lo largo del camino, específicamente en el lugar donde se localizó el primer caserío de El Socorro, justo donde uno de los afluentes del río Piedras cruza por primera vez el camino viejo a Zapotal.

Figura 1. Plano de finca de José María Carranza de 1874. (Archivo Nacional de Costa Rica. Código: CR-AN-AH-MYP, Signatura INICIAL: 022413)

El plano que se muestra en la Figura 1 pertenece a una propiedad de José María Carranza Sosa que le vende a su hijo Toribio Carranza Monge en el año 1874. Este plano se ha girado 90 grados para alinearlo con el punto cardinal Norte y poder ubicar algunos de los elementos que hoy en día aun existen. Primero, el terreno de 75 manzanas se encuentra limitado al norte por el camino que comunica a San Ramón con Potrerillos. Nótese que la dirección a San Ramón y a Potrerillos está etiquetada en el mapa. Por el sur, el límite es el río Piedras y al este con la Quebrada Cedral. El río Piedras nace de tres afluentes principales que cruzan todos el camino del alto a El Socorro. Uno de estos afluentes se etiquetó en el plano de Carranza como Quebrada Cedral, pero hoy en día se no tiene registro. La ubicación en el plano del camino con dirección a San Ramón (Este) y a Potrerillos (Sur) y del río Piedras, sirve para concluir que está finca estaba ubicada en algún lugar a lo largo del camino del alto a El Socorro.

La Figura 2 muestra un segmento de un mapa del distrito de Piedades Sur del año 1951 donde se muestra el río Piedras en azul y en amarillo el área donde se ubicaría está finca de José María Carranza Sosa.

Figura 2. Mapa parcial del distrito de Piedades Sur de 1951 mostrando los caseríos de El Socorro, El Bureal, La Palma, Potrerillos y Quebradillas. (Archivo Nacional de Costa Rica. CÓDIGO: CR-AN-AH-MYP, SIGNATURA INICIAL: 061753).

Otros elementos del plano de José María Carranza de 1874 muestra límites al este con José Anchía, al norte con el señor Nieves Montes y al sur con el señor Manuel Mora. Nótese también que la escala está en varas y hay otros puntos de referencia que corresponden a árboles: Inra Blanco, Asca, Cuerillo, Aguacatillo, y Murta Colorado. También se puede apreciar que al este se ubican tres estructuras (posiblemente viviendas) entre el camino a Potrerillos y la Quebrada Cedral. Esta última observación es importante para creer que ya para la década de 1870 habían algunos residentes a lo largo del camino, específicamente por el sector de Potrerillos y el camino del alto a El Socorro.

Otro dato importante que queda claro de este plano es que en 1874 el nombre o el caserío de El Socorro aun no existía. La primera vez que se menciona El Socorro es una partida eclesiástica del año 1918 donde se declara que el señor Santos Ramírez Solís (1838-1918) fallece en El Socorro. En documentos legales en posesión del Archivo Nacional, no fue sino hasta 1921 que se menciona El Socorro en una demanda que le pone Francisco Madrigal Rodríguez al señor Calixto Rodríguez Cordero (Archivo Nacional código: CR-AN-AH-MG, signatura inicial: 023426). Es importante también indicar que desde la década de 1850 hasta mediados de 1885, toda la zona de lo que hoy se conoce como Piedades Sur se le conocía primero como Potrerillos. A partir de 1875 van apareciendo otros nombres como Piedades Sur, San Miguel, Las Alacenas (hoy El Salvador), El Cedral, Cola de Gallo y Buena Vista.

Pero, ¿qué sabemos de las personas que aparecen en este plano de 1874? José María Carranza Sosa (1809-x) y su esposa Josefa Monge Molina (1831-1891) eran originarios de San Miguel de Escazú. A inicios de la década de 1870 esta pareja emigra a San Ramón en el distrito de Piedades Sur junto con Toribio Carranza Sosa (1836-1902) y su esposa María Eduviges Marín (1830-1880). Toribio era hermano de José María. Quizás estas dos familias fueron las primeros que habitaron esta zona junto con Nieves Montes, quién era casado con una hija de José María Carranza Sosa. Nieves y su esposa María se habían casado en Escazú en 1861 y también migraron a esta zona de Piedades Sur junto con José María y Toribio.

En el plano de la Figura 1 de 1874 se muestra un camino que va a donde Nieves Montes. En el año 1944 Balbanero, hijo de Nieves y María, muere en la Palma, que es un caserío cerca del Bureal. Esto ayuda explicar que el camino que se indica en el plano de la Figura 1 es muy probable el camino que iba hacia el Bureal y la Palma desde la calle del alto de El Socorro.

En el plano de la Figura 1 también se indica el nombre de José Anchía, quien tenía un terreno en el límite este de la finca de José María Carranza Sosa. José Anchía (1858-x) era hijo de Simón Anchía Anchía (1835-1905) y Josefa Quesada (1849-1883). José casó con Gertrudis Carranza Monge, hija de José María Carranza Sosa y Josefa Monge Molina. Simón y Josefa vivían también en Escazú. José, su hijo, emigra a San Ramón a principios de 1870. Luego sus padres emigrarían también a mediados de 1880. A parte de José Anchía Quesada, sus hermanos Floripe, Jesús, Simón y Custodio también migraron a la zona de Piedades Sur desde Escazú y adquirieron terrenos en el sector de Potrerillos, además de un denuncio de una mina de oro en el sector de Cedral en los años 1895, 1896 y 1901.

Aparece también el nombre de Manuel Mora en el plano de la Figura 1 en el límite sur. Este puede ser Manuel Mora Aguilar (1810-1892) casado con Rosalía Rodríguez Solórzano. Manuel murió en San Ramón centro pero no se tiene evidencia de que hubiera vivido en la propiedad que se muestra en el plano de la Figura 1.

Basado en la información del plano en la Figura 1, se podría concluir que las primeras familias que llegaron a tener terreno y quizás vivir a lo largo de la calle del alto de El Socorro a inicios de la década de 1870 fueron las familias de José María Carranza Sosa, Toribio Carranza Sosa, Nieves Montes, y José Anchía Quesada. La información incluida en el plano de la Figura 1 es importante para respaldar esta tesis. Estas mismas personas también aparecen como contribuyentes para la construcción de un puente en la Quebrada del Estero en el camino a los Potrerillos en una gaceta del gobierno de Costa Rica del año 1888, como se aprecia en la Figura 3.

Figura 3. Lista de contribuyentes propietarios de terrenos en Piedades Sur para la construcción de un puente en la Quebrada del Estero, en el camino de los Potrerillos. Sobresalen los nombres de Juan Carranza, Nieves Montes, José Anchía y Toribio Carranza. El que más contribuyó fue Juan Carranza con 8.5 pesos. Gaceta del 23 de Marzo de 1888.

A parte de las personas que se indican en el plano de 1874, en la década de 1910 el señor Cristóbal Ramírez Méndez llegó a vivir por el sector de la Laguna (cruce de calle a Potrerillos con la calle del alto de El Socorro). Se sabe que vivía ahí porque una de sus hijas, de nombre Teodolinda, fallece en 1915 a los 15 años y se declara como lugar de muerte la Laguna, Piedades Sur en el acta de defunción. Cristóbal venía de Esparza y aparece como dueño de una finca en el año 1944 que colindaba con las fincas de Monseñor Juan Vicente Solís. Ver Figura 4.

Figura 4. Plano de una de las fincas de Monseñor Juan Vicente Solís al lado del camino del alto a El Socorro, año 1944. (Archivo Nacional de Costa Rica código: CR-AN-AH-MYP, signatura inicial: 033764).

Nace el pueblo de El Socorro

Seguido de estas primeras familias fundadores que se asentaron entre 1870 a 1910, el señor José Calixto Rodríguez Cordero (1873-1957) llegó a la zona entre 1915-1920 (Rodríguez Alvarado 2021). y se instaló a la vera del camino que ya existía hasta Zapotal. José Calixto se atrevió a tomar posesión de una gran cantidad de terreno que llegaba desde el alto de El Socorro hasta el río Victoria. No existe prueba documental que indique exactamente dónde o cuanto terreno Calixto habría tomado. Como se indicó anteriormente, mucha gente tomó terrenos sin hacer el denuncio correspondiente.

Así como Calixto, llegaron también para esos años las familias de Antonio Retana Cervantes (1869-1958), Ramón Emilio Villalobos Jiménez (1909-x), Rubén Ramírez Méndez (1877-x), Francisco Madrigal Rodríguez (1895-x), Heliodoro Orozco Méndez (1897-x), Juan María Evangelista Loría Zarate (1892-x), Celso Varela Méndez (1875-x), Telésforo Campos Hidalgo (1872-x) y Pedro Alvarado Cambronero. Todas estos jefes de familia se instalaron a lo largo del camino del alto de El Socorro, excepto Telésforo y Celso quienes vivían por el camino del bajo a El Socorro. Algunos compraron a otros que ya habían denunciado, y otros simplemente tomaron posesión de algún terreno baldío para instalarse. Este fue el caso de Pedro Alvarado Cambronero y su esposa María Rosa Sinforosa Loría Zarate (1880-x), quienes vivían en un lote que era parte de la finca propiedad de Adam Calvo, vecino de San José.

Hacia el final de la década de 1920 ya había al menos una docena de familias asentadas a la vera del camino de lo que sería el primer sitio del pueblo de El Socorro. Además ya en la finca de la familia de Luis Vásquez Vargas existía un aserradero que le daba servicio a los vecinos y además se aprovechaba la madera de esa finca para ir a vender a San Ramón y San José (Vásquez Arias 2021).

Figura 5. Lugares de vivienda de las familias fundadoras del Socorro de Piedades Sur. Aproximadamente 1940

El mapa en la Figura 5 muestra la ubicación aproximada de la iglesia, aserradero, plaza de fútbol y las viviendas de las familias fundadoras de El Socorro entre 1930 a 1940 (Rodríguez Alvarado 2021, Zúñiga Retana 2021, Vásquez Arias 2021). La siguiente lista corresponde a la numeración en el mapa de la Figura 5 de la ubicación de las familias, iglesia, aserradero y plaza de futbol de ese entonces.

  1. Primera Iglesia del Socorro. Construida alrededor de 1930 por Evangelista Loría. Estaba en la finca de Adán Calvo, quién era vecino de San José. Calvo dona un terreno de aproximadamente media manzana para la Iglesia.
  2. Antonio Retana Cervantes (1869-1958) c.1895.c María Jiménez Jiménez (x-1954 Cartago)
  3. María Rosa Sinforosa Loría Zarate (1880-x) c.1901.c Pedro Alvarado Cambronero. Alejandro Carranza Anchía y su familia vivieron aquí también una vez que se fue Pedro Alvarado Cambronero y su familia.
  4. Luis Gonzaga del Perpetuo Socorro Vásquez Vargas (1911-x) c.1929.c Gregoria Arias Brenes
  5. Martina Zarate y sus hijas Manuela, María y Marta. Martina fue la madre de Evangelista Loría.
  6. Mundo Ramírez Ramírez. Vivió sólo con un hijo que luego tuvo un accidente tapando frijoles en El Bajo Chassoul y murió.
  7. Amable Primitiva Trinidad del Socorro (1905-1980) cc Lupadio Alvarado Loría
  8. Wenseslao Zúñiga Morera (1906-x) c.1930.c Lidia Retana Jiménez
  9. José Calisto Rodríguez Cordero (Palmares 1873-1957 San Antonio) cc Josefa Ruiz (Chinchilla)
  10. Celso Varela Méndez (1875-x) c.1890.c Amelia Montero Muñoz
  11. Telésforo Campos Hidalgo (1872-x) c.1914.c María Adilia Barrantes Hernández. En esta casa se dieron clases mientras se lograba construir una escuela.
  12. Juana Otilia Retana Jiménez (1907-x) c.1926.c Otoniel Ramírez Mena
  13. Ramón Emilio Villalobos Jiménez (1909-x) c.1934.c Oliva Camacho Araya
  14. Rubén Ramírez Méndez (1877-x) c.1896.c Ana Mena Jiménez (1885-1925)
  15. Juan María Evangelista Loría Zarate (San Ramón 1892-x) c.1926.c Arabela Méndez Lara
  16. Aserradero de Luis Vásquez Vargas
  17. Jacova Alejandra del Socorro Alvarado Loría (1907-x) c.1926.c. Eloy Ramírez Mena
  18. Plaza de fútbol de El Socorro

La vida en el barrio de El Socorro no era la más sencilla. El clima era frío y la lejanía relativa del comercio, oficinas del gobierno, y centro religiosos lo hacía aun más complicado. De vez en cuando se hacían conflictos entre los vecinos. En 1916 Evangelista Loría Zarate, quién era Juez de Paz en Piedades Sur, sufrió una agresión por parte de Francisco Madrigal Méndez (ANCR 1924 Código: CR-AN-AH-CSJ-EXPJ Signatura inicial: 001208). El 18 Enero de ese año, Francisco venía a caballo y borracho y de pronto empezó a insultar enfrente de la casa de Rafaela Carranza, quién era madre soltera. Los vecinos Cristóbal Ramírez y Heliodoro Orozco oyeron el escándalo desde sus casas y vinieron a ver que sucedía. Eran como las 8 de la noche. En ese momento llegó también Evangelista y como autoridad, le pidió a Francisco que se calmara pero el licor y su bravura lo dominaron. Francisco sacó su cruceta y le fue encima a Evangelista que sólo atinó a correr por su vida. El atentado terminó en el juzgado de San Ramón y Francisco fue condenado por intento de agresión a la autoridad. Curioso es que para 1916 aun no se usaba el nombre de El Socorro sino de El Zapotal, según consta en el archivo de este caso.

Otro ejemplo de conflictos entre vecinos se dio en 1921 cuando Calixto Rodríguez Ruíz y Francisco Madrigal Méndez tuvieron un conflicto que terminó en la corte (ANCR 1921 Código: CR-AN-AH-CSJ-EXPJU, Signatura inicial: 001998). Dos hijos de Calixto, Alfredo y Clodomiro, tuvieron una discusión con Francisco el Domingo 8 de Mayo de 1921 por la tarde que terminó con la intervención de Calixto quién hirió en la mano a Francisco con su machete. En ese tiempo Otoniel Ramírez era Juez de Paz y Heliodoro Orozco el Comisario de El Socorro. Nótese que en este litigio ya se usaba el nombre de El Socorro. Otoniel y Heliodoro vivían cerca de la casa de Francisco y cuando se hicieron presentes ya los hechos habían ocurrido. Calixto y sus hijos negaron los cargos en primera instancia, pero luego Calixto cambió su declaración y se declaró culpable. Calixto agregó que actúo de esa forma para defender a sus hijos y que el conflicto realmente se dio porque en la casa de Francisco Madrigal se vendía licor clandestino a los vecinos y los que pasaban para Zapotal. Calixto agregó que este negocio ilegal causaba muchos problemas entre los vecinos y los pasantes y que estaba cansado de la situación. Al final el juez sentenció a Calixto a 21 días de cárcel, pagar los daños ocasionados y entregar el arma con que ocasionó la herida. La Figura 6 muestra la ficha personal que el juzgado elaboró con los rasgos de Calixto.

Figura 6. Ficha de Calixto Rodríguez Ruíz elaborada por el juzgado de San Ramón en Mayo de 1921.

El primer templo

Como se aprecia en la Figura 5 ya para 1930 y con al menos 12 familias asentadas y un aserradero, los residentes decidieron que era tiempo para la construcción de la primera iglesia. El constructor de este templo fue el señor Evangelista Loría Zarate (1892-x) quién recibió ayuda de los vecinos para este proyecto. El sitio donde se ubica este templo fue en un terreno plano justo donde cruza el camino el afluente principal del río Piedras. Se cree que este terreno fue donado por el señor Adam Calvo, quién era residente de San José y dueño de esa finca donde estuvo este primer templo. La iglesia era pequeña, de una sola nave y orientada hacia el oeste. La madera que se usó fue de comenegro (Rodríguez Alvarado 2021). El piso era de madera. El templo y la comunidad se consagró a la virgen de El Socorro y se encargó una imagen de la virgen tallada en madera que hoy aún se conserva en el templo actual. Alrededor de la iglesia había jardines con flores de hortensias, pacayas, camelias y gladiolas. Incluso se construyó una calzada de piedra al frente de la iglesia que aun hoy se puede ver. La Figura 7 muestra el templo original en la localización actual.

Figura 7. Primer templo de El Socorro ubicado en la localización actual. Foto a finales de la década de 1970 celebrando un bautismo de un nieto de Manuel Rodríguez Alvarado. Crédito de foto Luz Rodríguez Ramírez.

El camino frente a este primer templo era plano y recto. En este camino se hacían carreras de cinta cuando la comunidad organizaba turnos. Las comidas que se ofrecían eran picadillo de arracache, estofado y frescos de sirope con pan blanco a 0.05 pesos (Zúñiga Retana 2021). En esos tiempos el padre de Piedades Sur era Juan Vicente Solís Fernández, quién también tenía una finca en El Socorro. El tenía su finca y casa al otro lado de la montaña, justo donde hoy están las polleras de Pineda. Ahí también estaba la primera plaza de fútbol, ya que es un terreno plano y bastante grande (Zúñiga Retana 2021). El padre Juan Vicente llegó a ser promovido a Monseñor. Hoy la escuela de Piedades Sur lleva su nombre.

Imagen original de la virgen de El Socorro y que aun se conserva en la sacristía de la Iglesia. Esta imagen de madera fue hecha en San Ramón entre 1915-1920. Crédito de fotografía: Luz Rodríguez Ramírez.

Con el tiempo los vecinos quienes vivían alrededor de la iglesia empezaron a mudarse por varias razones al punto que el templo se quedó solo. Una de las razones principales fue el clima de este lugar que era terriblemente frío y lluvioso. Se cree que a principios de 1940 se decidió que lo mejor era mover el templo también donde se habían relocalizado la mayoría de los vecinos. Este nuevo lugar estaba ubicado a 2 kilómetros siguiendo el camino a Zapotal del sitio original, al pie de la finca de Adam Calvo. El señor Wenceslao Zúñiga, quién había llegado de Zapotal en la década de 1930, fue quién donó el terreno donde se relocalizó el templo católico. Este lugar era más abrigado y más protegido de las inclemencias del tiempo que el primer sitio. La Figura 7 muestra una fotografía de la iglesia ya en su segunda ubicación. Esta fotografía es de finales de la década de 1970.

Escuela, plaza de fútbol, y pulpería

Después de la relocalización de la iglesia a inicios de la década de 1940, se procedió a la construcción de la escuela de El Socorro. Esta fue construida por el señor Mardoqueo Montero (Rodríguez Alvarado 2021) en un terreno donado por el señor Rubén Ramírez. Mardoqueo después de terminar la escuela se quedó en El Socorro y se casó con Virginia Campos Barrantes, hija de Telésforo Campos y Adilia Barrantes. Se estima que a los inicios habían más de 30 estudiantes (Rodríguez Ramírez 2021).

El primer maestro fue José Joaquín Jiménez, originario de El Salvador y le decían Piquín (Rodríguez Alvarado 2021). Otros maestros que pasaron por esta Escuela fueron Rodrigo Ulate, Victor Manuel badilla, Rigoberto Salazar Múñoz, Cecilia Araya, Juven Cambronero Castro y la niña Lucía quiénes estuvieron entre 1960 y 1980 trabajando en esta Escuela.

Figura 8. Visita de funcionarios del gobierno de Daniel Oduber a el pueblo de El Socorro entre 1974-1978.

Entre los años 1974-1978, durante el gobierno de Daniel Oduber, autoridades del gobierno visitaron el pueblo de El Socorro. La Figura 8 muestra lo difícil que era el camino para llegar a El Socorro. Las Figuras 9 y 10 muestran estas visitas así como miembros de la comunidad. Como se aprecia en estas gráficas, había una buena cantidad de niños atendiendo la Escuela. Desafortunadamente, la población estudiantil bajó a niveles insostenibles a principios de la década de 1980 y se tuvo que cerrar la escuela por varios años hasta que de nuevo hubo suficiente población infantil para abrir la escuela de nuevo. Durante estos años que la Escuela de El Socorro estuvo cerrada, varios niños hacían el viaje a caballo o a pie hasta la escuela de Potrerillos para poder recibir educación básica.


Figura 9. Autoridades del gobierno visitan la escuela de El Socorro durante la administración de Daniel Odúber entre 1974-1978. En la fotografía se aprecian las siguientes personas de pie en el corredor de izquierda a derecha: Damaris Retana, desconocida, Ani Campos Varela y Generosa Ramírez Retana de anteojos mirando hacia la banca. Sentadas en el mismo orden, Sacramento Alvarado Anchía, Tobías Montero y su esposa María. La maestra de nombre Lucía sentada al frente de la puerta de pantalón oscuro.
Figura 10. Niños de la escuela de El Socorro compartiendo con la maestra Lucia. Foto entre 1974-1978. Las tres niñas en el caballo a la izquierda son nietas de Fidel Ramírez de nombre Sirley, Karla y Cristobalina.

En la década de 1970 también se trasladó la plaza de futbol al lugar donde está hoy, en el cruce del camino del bajo con el del alto. Este terreno fue comprado por los vecinos al señor José Ángel Campos Barrantes por 25 colones.

Ya para 1950 también se abrió la primera pulpería que perteneció al señor Nelson Carranza quién la tuvo por varios años. Luego pasó a manos del señor Miguel Mejías. La pulpería estaba al lado del camino y junto a la escuela, estratégicamente colocada para asistir a los viajeros de Zapotal.

Desarrollo económico

Durante la época que se fundó El Socorro, en la década de 1920, la principal actividad económica era el aserrío de madera y la plantación y cosecha de caña de azúcar para producción de dulce. El señor Clodomiro Rodríguez Ruíz, hijo de Calixto Rodríguez Cordero, entregaba dulce todas las semanas en Esparta. Sus hijos salían los días Viernes para entregar el producto y duran unas 8 horas a caballo. El señor Lupario Alvarado Carranza también producía mucho dulce en su trapiche ubicado por el camino del Alto y lo entregaba en San Ramón. También como se indicó antes, la familia de Luis Vázquez tenía su aserradero por la calle del Alto en la década de 1940 donde producían para madera para vender en San José.

También existían los empresarios ganaderos como el señor Virgilio Carvajal y Monseñor Juan Vicente Solís que tenían bastante extensión de terreno y se dedicaban a la cría de ganado de engorde en sus fincas. Sus fincas que tenían en El Socorro eran básicamente un 60% del área ubicado entre los caminos del Alto y el del Bajo.

El pueblo de El Socorro organizaba turnos que incluían carreras de cintas, partidos de fútbol, cacería y corridas de toros. Los dueños de ganado del lugar prestaban sus animales para que se llevara a cabo el espectáculo taurino que atraía gente de muchos lados. Las comidas típicas preparadas en la cocina eran muy perseguidas por los visitantes y los mismo vecinos. Estas festividades eran muy importantes para generar ingresos a la asociación de desarrollo del El Socorro.

A principios de la década del 2000 varios vecinos empezaron a introducir el cultivo del café como una alternativa al ganado. Los primeros cafetales se empezaron a cultivar por el río Victoria y han sido muy exitosos. Este cultivo se expandió también por el camino viejo que conduce al alto de El Socorro. Además la familia Zuñiga Retana ha logrado desarrollar micro-empresas basadas en la producción de leche y artículos naturales de salud y belleza. El proyecto de artículos de salud y belleza ha tenido mucha acogida por tener características orgánicas y homeopáticas. Inclusive hasta se desarrolló y presentó en un reportaje en televisión a nivel nacional.

También algunos empresarios han desarrollado varias granjas de engorde de gallinas. Dos están localizadas en el camino viejo al El Socorro. Otra se encuentra ubicada en la que solía ser la finca de Telésforo Campos. Estos desarrollos agroindustriales han servido para proveer de empleo a algunas personas de la zona pero su impacto más bien continua siendo perjudicial al ambiente por el consumo masivo de agua y la contaminación propia de esta agroindustria.

A través de los años la población de El Socorro ha continuado disminuyendo ya que muchos no encuentran oportunidades de desarrollo económico y han tenido que emigrar a otras zonas del país. De hecho, al año 2021 la Escuela sólo tiene 5 alumnos.

Genealogías de algunas de las familias fundadores de El Socorro

Este documento en formato PDF presenta la genealogía básica de algunas de las familias fundadores de El Socorro. Incluye también algunas fotografías. Se incluyen las siguientes familias:

-David Zúñiga Sanchez (1882-) c.1905.c Josefa Morera Castro (1885-x)

-Rafael Vásquez Rojas (1881-1973) c.1906.c Florentina Vargas Rodríguez (1885-1965)

-Camilo Carranza Campos cc Soledad Sosa Mora (1799-1859 Escazú).

-Simón Anchía Anchía (1835-1905) cc Juana Quesada (1849-1883).

-Leandro Loría (x-1896) cc Martina Zarate

-Eduardo Villalobos Zamora (1850-1935) c.1870.c Victoria Jiménez Loría (1854-1911)

-Eduardo Villalobos Zamora (1850-1935) c.1870.c Victoria Jiménez Loría (1854-1911)

-Juan Ramírez Luna cc Marta Montoya Córdoba.

-Santos Ramírez Solís (1838-1918) cc Rafaela Méndez

-Celso Varela Méndez (1875-x) c.1890.c Amelia Montero Muñoz (1876-1934 Piedades Sur).

-Juan Silverio Rodríguez (1860-1920 Palmares) c.1869.c María Cordero Jiménez (1860-1920)

-Telésforo Campos Hidalgo (1872-x) c.1914.c María Adilia Barrantes Hernández

Referencias

-Quesada, H. 2021. Entrevista a Manuel Rodríguez Alvarado. El Socorro, Piedades Sur.

-Quesada, H. 2021. Entrevista a Lindor Zúniga Retana. El Socorro, Piedades Sur.

-Quesada, H. 2021. Entrevista a Odilie Zúniga Retana. El Socorro, Piedades Sur.

-Quesada, H. 2021. Entrevista a Teresa Vásquez. El Socorro, Piedades Sur.

-Quesada, H. 2021. Entrevista a Wilberth Zúñiga Vásquez. El Socorro, Piedades Sur.

-Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR). Varios documentos.

-Family Search. 2021. Disponible en Familysearch.org.

RAFAELA ESMERALDA DE LOS SANTOS

Por: Mayela Rodríguez Lobo

Nunca conocí a mi abuela Esmeralda. La única imagen que tengo de ella es una vieja foto, donde está de pie junto a mi abuelo Julio. Cuando veo esa foto, veo a una mujer recia, fuerte, imponente como su nombre. Solo sé que tenía los ojos verdes y que murió muy joven, sumiendo en un luto infinito a toda la familia. La veo allí, de falda larga y cotona blanca, férrea e implacable.

Rafaela Esmeralda de los Santos Quesada Bastos nació el 09 de enero de 1883en Buenos Aires de Palmares, como la hija número 13 de José María Quesada Ugalde (13/12/1840 – 23/10/1886) y Juana de Jesús Bastos Alfaro (08/03/1840 – 03/06/1929). Un día después de su nacimiento la bautizaron, no se fuera a morir y quedar condenada al Limbo, ese lugar solitario donde van los niños sin bautizar. La Iglesia de San Ramón recibió a la recién nacida, para cubrir su cabecita con agua bendita. En esa época El Valle de los Palmares era parte de ese cantón.

Julio Rodríguez Villalobos y Esmeralda Quesada Bastos.

Tenía tres años y nueve meses cuando perdió a su padre a causa de la fiebre amarilla, quien tenía tan sólo 45 años. Juana, mi bisabuela, viuda y con nueve hijos, se trasladó a Chaparral, a una finca que tenían en ese sitio, junto a Baltazar y Joaquín Quesada, primos de su difunto esposo. Nadie sabe por qué se fueron a vivir a Chaparral, en lugar de regresar a Palmares. Después de la muerte de su esposo, la bisabuela Juana le tuvo que ceder a Diego Trejos, acreedor de José María, “el denuncio” que habían hecho en San Carlos (según la investigación de Felenón Quesada – 1958).

En Chaparral, sola y valiente, Juana terminó de criar a sus hijos. En ese ambiente creció Esmeralda, entre potreros, bueyes, cañales y sembradíos de tabaco. Era la menor de las hijas, hacendosa y coqueta. Desde los 12 años confeccionaba su ropa y la de sus hermanas Victoria y Rosa. Tenía manos rápidas y hábiles. Vivía la vida tradicional de las mujeres de su época, cooperaba con su madre en los oficios de la casa, iba a misa los domingos. Ir a misa era la única forma de socializar y para los Quesada, la religión era muy importante.

A los 21 años, siempre voluntariosa y llena de temple como su madre, Esmeralda decidió que era hora de buscar marido y formar su propia familia. Había crecido en un hogar lleno de gente y de tragedias. Ahora ella quería su propia casa y sus propias historias, talvez con el afán de exorcizar el sufrimiento. Un domingo de 1904, a la salida de misa, conoció a Julio María de Jesús Rodríguez Villalobos (12/04/1879 – 19/05/1963), un hombre alto, esbelto, de cabello negro y lacio y ojos adormilados. Ella bajita, de cabello castaño “arrepentido”, sonrisa fácil y carácter fuerte. Fue amor a primera vista. Julio era un hombre apuesto, de familia acomodada, excelente jinete y encantador. Tenía fama de conquistador.

Después de varios domingos de encontrarse después de la misa, el abuelo Julio se armó de valor y se fue a pedirle “la entrada” a Juana Bastos, la doña Bárbara del Chaparral. Juana lo escudriñó con la mirada y el seño fruncido y le preguntó de quién era hijo. No iba permitir que la menor de sus hijas se casara con el primer aparecido que la cortejara. A partir de ese momento, cada domingo por la tarde, el joven Julio recorría a caballo la distancia entre San Juan y Chaparral, con la certeza de que Esmeralda se casaría con él. Un domingo por la tarde le pidió matrimonio y ella aceptó. Al amanecer del sábado 25 de noviembre de 1905, se presentaron en la Iglesia de San Ramón, para comprometerse ante el altar a estar juntos por el resto de sus vidas, “hasta que la muerte los separe” y cumplieron su promesa.Julio tenía 26 años y Esmeralda, 22.

Como prueba de su amor, Julio le construyó una casa de madera grande y luminosa, justo antes de subir la cuesta de San Juan. La explanada del frente estaba poblada de cipreses y se inundaba en los largos inviernos. Allí sesteaban los boyeros que venían de Alto Villegas, Concepción, Los Ángeles y otros distritos, con sus carretas cargadas de frijoles, maíz, tiquizque, dulce y otros tantos productos. Hombres y animales se acurrucaban junto a los árboles, que por la noche y al pasar del viento, hacían un ruido espectral. Algunos de los pasantes tendían sus sacos de gangoche en el amplio corredor de la casa de mi abuela y descansaban unas horas, en la noche del jueves. En la madrugada del viernes proseguían su camino, para vender sus productos en el Mercado de San Ramón. La abuela, hacendosa y atenta, se levantaba a las dos de la mañana para ofrecerles un café, a aquellos agricultores trasnochados y hambrientos.

Conocí esa casa azul celeste, de ventanas bateantes, poblada de begonias y rodeada de jardines. Me gustaba ir allí. Por las noches la madera crujía y se escuchaban los pasos de abuela Esmeralda, que aún vigilaba que su familia estuviera bien. Yo, aterrorizada, me acurrucaba en la cama para librarme del fantasma de mi abuela. Los pisos brillantes, de tablones anchos y pulidos, daban testimonio de los pasos de todos y del paso del tiempo. Allí nació mi padre y mis tías y tíos, uno a uno, cada dos años. Entre 1906 y 1924, abuela Esmeralda trajo al mundo siete mujeres y cuatro varones. Con su implacable carácter, mi abuela regentaba la casa y los hijos, a quienes criaba con mano dura y una férrea disciplina, moldeándolos fuertes como ella. Se ocupaba de la casa, cosía su ropa, la de la chiquillada y con la ayuda de sus hijas mayores, Leonor y Gloria, hacía puros que vendían en el mercado local. Al abuelo Julio le gustaba tomarse sus tragos y coquetear y ella, orgullosa, mantenía su lealtad. Esmeralda lo quiso tanto que vivió en silencio sus andanzas.

El último embarazo de mi abuela acabó demasiado pronto y acabó con ella. Una infección generalizada, provocada por un aborto espontáneo, recorrió su cuerpo como un veneno, hasta alcanzar su corazón, ya de por sí maltratado. El antiguo Hospital Francisco Orlich de San Ramón, fue testigo de su agonía y de los cuidados de su hija Gloria. No había médicos de planta en dicho Hospital y no pudieron detener la infección. Murió la mañana del sábado 27 de octubre de 1928, de una miocarditis séptica. Tenía tan sólo 45 años, al igual que su padre.

Después de la misa, un largo cortejo recorrió las calles lentamente hasta el Cementerio de San Ramón. Su trágica muerte dejó un gran vacío en el corazón del abuelo Julio, quien tarareaba en silencio: “cada domingo a las doce saldré a la ventana, para esperarte como antes después de la misa.” Él no pudo superar la pérdida de la mujer amada y por los siguientes 35 años, la buscó en una botella de alcohol. La familia resintió profundamente su partida, especialmente mi padre y sus hermanas, que siempre lamentaron su irreparable pérdida. La menor de mis tías, María Lucía, tenía apenas cuatro años y fue tal la tristeza que la invadió, que se fue detrás de su madre, mes y medio después. Dicen que fue por problemas estomacales, pero yo creo que fue por desolación.

Mi abuela Esmeralda había vivido una vida de lutos y ahora era su partida la que enlutaba a la familia. Pero en medio de todo el dolor supo perpetuar la vida, darle amor a sus hijas e hijos, sacar adelante a una familia que ahora la recuerda con cariño y orgullo. Yo llevo en mi sangre tu fortaleza. ¡Gracias abuela Esmeralda!

Curridabat, San José

30 de marzo, 2021

JUAN SIN TIERRA: UN RAMONENSE EN TIERRAS GUANACASTECAS

Por Mayela Rodríguez Lobo


“Soy de aquellos que sueñan con la libertad.
Capitán de un velero que no tiene mar.
Soy de aquellos que viven buscando un lugar.
Soy Quijote de un tiempo que no tiene edad.”

JIglesias. Quijote.

JUAN RAFAEL DEL CARMEN RODRÍGUEZ QUESADA (20/10/1909 – 13/09/1974) nació y creció en San Juan de San Ramón, Alajuela. Fue el tercer hijo de Julio María de Jesús Rodríguez Villalobos(12/04/1879 – 19/05/1963) y Esmeralda de los Santos Quesada Bastos (09/01/1883 – 27/10/1928) y el mayor de los varones. Acababa de cumplir 19 años, cuando murió su madre de una miocarditis séptica. Un mes y ocho días después, murió María Lucía, su hermana menor.

Juan Rafael alrededor de 1960.

Con esos duelos a cuestas, emprendió la vida de casado el 14/05/1932, junto a María Emelina Deliamira Lobo Artavia (01/07/1912 – 09/08/2007), quien lo acompañó por los siguientes 42 años y cuatro meses “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad”. La joven pareja construyó una pequeña casa y se quedó a vivir en la propiedad del abuelo Julio, durante el primer año de matrimonio. En 1933, después del nacimiento de Esmeralda, su primera hija, la familia se trasladó a vivir a Los Ángeles, San Ramón, a una finca que su padre tenía en ese lugar. Allí nacieron nueve de mis hermanos mayores, de Mary a Melania. Allí también vivían otros/as de mis tías con sus familias.

María Emelina y Juan Rafael.

A finales de 1935, en una incursión de cacería en La Balsa de San Ramón, se hizo una herida en la rodilla derecha, que le derramó el líquido sinovial. A raíz de este accidente, estuvo tres meses internado en el Hospital Nicolás Orlich de San Ramón. Tal era la infección que tenía, que amenazaban con cortarle la pierna por la gangrena. En esa época el doctor Carlos Luis Valverde Vega, visitaba una vez por semana dicho Hospital. Dada la gravedad del caso y viendo que la infección avanzaba, Manuel Esquivel, un primo hermano de mi madre, le hizo unos rezos y baños con Permanganato de Potasio y logró detener la infección. Fue así como le salvaron la pierna y la vida. Mi padre quedó con una discapacidad permanente, con la pierna rígida de por vida. En medio de ese estrés de mis padres, nació mi hermano Víctor Julio (cc Cuyo, qepd), el mayor de los varones y el cuarto hijo de la pareja.

Familia de Juan Rafael y María Emelina cuando vivían en los Ángeles de San Ramón junto con ocho de sus hijos. Don Juan Rafael y doña María Emelina aparecen a la derecha con niños en brazos. A la izquierda aparece Don Serviliano Molina, esposo de Leonor, hermana mayor de don Rafael y Ahías hijo de Leonor y Serviliano.

Papá era un hombre ambicioso, trabajador, aventurero y orgulloso. En eso se parecía a su abuelo materno, José María Quesada Ugalde. Él quería su propia finca y no le daban los recursos para comprarla en San Ramón. En febrero de 1944 cogió a su familia y sus “chuicas” y emigró a Huacas, en la Península de Nicoya. Iban con nueve hijas e hijos entre 11 y 0 años, una yegua y unos cuantos enseres. Había comprado una finca en Avellana, un caserío próximo a Huacas, por ₡500. Mi tío Amado Ramón Rodríguez Quesada, que vivía allí desde hacía seis años, lo había convencido de que ese era un buen lugar para vivir, trabajar y hacerse de lo propio. Siguiendo los pasos de su abuelo materno, antes de irse a Huacas, papá fue a explorar tierras a San Carlos. La perenne lluvia de las llanuras de San Carlos lo disuadieron y se decidió por la Península de Nicoya.

Guanacaste: la tierra prometida

¡El que se va se va y el que se queda se queda!, fueron las palabras de mi padre ante la resistencia de algunos a emigrar. En la madrugada del 17 de febrero de 1944, mis padres, nueve hermanas/os y Fidelina Lobo Carvajal, madre sustituta y tía paterna de mi madre, emprendieron un viaje sin retorno a la TIERRA PROMETIDA. Dos días de viaje. Papá alquiló un camión y salieron a las tres de la mañana, de Los Ángeles de San Ramón hacia Puntarenas. Allí tomarían una lancha para atravesar el Golfo de Nicoya. En Puntarenas, cuando mi hermano Eduardo (qepd) vio el mar, se asustó tanto que salió como alma que lleva del Diablo por medio Puerto. No se iba a subir a ese chunche ni “amarrao”. Tuvieron que perseguirlo y llevarlo a rastras y pegando alaridos a la lancha. ¡Ah pecao! Tenía cuatro años. Zarparon a las dos de la tarde y después de cuatro horas de lento balanceo, mareo y vómitos, tocaron tierra a las seis de la tarde en Puerto Thiel, un pequeño embarcadero ubicado en uno de los brazos del manglar que se abre al final del Golfo, en la Península de Nicoya. Allí les esperaban tío Amado, tío Loncho con otros hombres y tres carretas. Dos para la catizumba de güilas y las mujeres y otra para los chunches. Papá montaba su yegua negra, que había sobrevivido de milagro a la travesía. En medio de la trifulca para bajarla de la lancha, asustada saltó al agua. De allí la rescataron medio ahogada.

Hambrientos, trasnochados y extenuados, cual judío errante, recorrieron los 27 kilómetros que separan Puerto Thiel de Huacas. Como si fuera poco, Esmeralda, de 11 años, se atravesó un alambre de púas en un brazo y se hizo una enorme herida. Todo eso en mitad de la noche y en mitad de la nada. Descansaron un rato en Zapotal y al amanecer del 18 de febrero, prosiguieron el camino a paso de carreta hasta Avellana. Allí había una vieja casa de madera, ubicada en la parte baja de la finca, donde residiría la familia por los siguientes seis años.

Visita de Teresa con dos de sus hijas a su hermano Juan Rafael (a la izquierda) en Guanacaste.

Papá era un hacedor. Hacía casas, ataúdes, jáquimas ,albardas, mecates e hijos. Era un hombre magnánimo, siempre ocupado y preocupado. Años después construyó una casa de madera, espaciosa y fresca, montada sobre pilotes. La casa miraba al Golfo, con la esperanza de hacer algún día el camino de regreso. En Avellana vivió la familia 14 años, desde 1944 hasta 1956. Allí crecieron mis hermanas/os mayores, fueron a la escuela y nacimos ocho hijas/os más. Mis padres habían decidido cumplir con el mandato bíblico “creced y multiplicaos”. La vida era dura y el clima inclemente. El calcinante sol del verano guanacasteco, hacía estragos en la piel de aquellos ramonenses acostumbrados al frío de Los Ángeles. Los lluviosos inviernos, de interminables temporales, paralizaban hombres y animales. Mosquitos, serpientes y todo tipo de alimaña, eran habitantes cotidianos de casas y trojas.

En esa lucha por adaptarse y sobrevivir, dos de mis hermanas nacieron con discapacidad y otras dos murieron muy pequeñas. La asistencia médica era sólo una ilusión. Don Memo, el Boticario en Mansión, era la opción más cercana, a dos horas a lomo de caballo. Allí llevaron enferma a mi hermana Marta Cecilia y regresaron a casa con la niña muerta. Tenía seis meses.

En 1955, en el decimoctavo parto, mamá casi muere. Si no hubiese sido por la pericia de las parteras de la zona, la habríamos perdido. En 1956 la familia emprendió una nueva aventura, siempre bajo el gobierno de mi padre, que había dejado bien claro quién mandaba y quién obedecía.

En busca de El Dorado

Al anochecer del lunes 09 de abril de 1956 bajo la dirección de mi padre y la atenta vigilancia de mi madre, su compañera incondicional, en una caravana de 25 personas y 16 carretas, emprendimos el viaje de Avellana al nuevo lugar de residencia, una finca entre Santa Marta y Betania, en el Cantón de Hojancha. Era luna nueva. A la luz de focos y carburas, recorrimos 30 kilómetros bajo el arrullo constante del golpeteo de las carretas, por esos caminos montañosos y pedregosos, hasta el sitio donde la familia pasaría los siguientes 15 años. Todo presagiaba una vida aún más dura y difícil.

Apretujados en dos carretas, guiadas por papá y José Luis, viajábamos adultos y menores de la familia. Amigos y vecinos nos acompañaban transportando el menaje, la cosecha y los animales: camas, muebles, frijoles, arroz, maíz, gallinas, chanchos, … todo. Bajamos el cerro El Socorro después de la medianoche, para llegar al amanecer a la finca de 125 manzanas que papá había comprado en ₡11.500, a un tal Manuel “Masa” López. Ya él y mis hermanos mayores la habían acondicionado: botaron tacotales, sembraron pastos, maíz, arroz, caña, frijoles… Hasta un cafetal tenía papá en esa finca.

Junto con mi hermano Eduardo, su asistente en carpintería, construyó casa y trapiche. Toda de madera, amplia y ventilada, la nueva casa tenía un corredor en frente refrescado por crotos y espárragos. Captó una naciente en el cerro y el agua llegaba por gravedad a la casa. Éramos la única familia que tenía cañería.

En las tardes de verano, grandes y chicos nos sentábamos bajo los naranjos que la rodeaban a pelar y comer naranjas. Y en los días de molienda, después de girar por horas detrás de los bueyes y ya empanzados con caldo de caña, rodeábamos como abejas la paila hirviente. Siempre bajo el ojo vigilante y estricto de papá.

Alejado de todo y de todos: escuelas, servicios médicos y vecinos, ese lugar era una especie de destierro. A cualquier lado que quisiéramos ir había que cruzar el río Lajas, que en los interminables inviernos de la época, crecía y arrasaba con árboles, animales y gentes. Quedábamos totalmente aislados, con los cerros en frente y el Río a las espaldas.

Todos los fantasmas legendarios rondaban esos solitarios parajes: la Llorona; la Cegua; la Carreta sin Bueyes; el Cadejos… En el silencio de la noche, la Llorona bajaba por la quebrada junto a la casa y escuchábamos sus lamentos. A mis hermanos mayores, la Cegua los encantaba en los caminos solitarios, cuando regresaban de sus aventuras nocturnas. La Pancha, que tenía el pellejo tan arrugado tan arrugado de quitárselo y ponérselo para convertirse en zopilote, en las noches de luna, venía a molestarnos y caminaba por el techo de zinc para no dejarnos dormir. Entonces papá se levantaba furioso, cargaba la carabina con balas de sal y desde el patiole gritaba: “Bajate de ahí o te mato bruja hijueputa.” Pero la Pancha siempre le ganaba la partida y al vuelo se alejaba carcajeándose, para regresar la próxima luna llena.

En enero y febrero de cada año, se enviaba la cosecha al Concejo Nacional de Producción. Víctor Julio y José Luis, salían de madrugada con las carretas cargadas de granos hacia Carrillo, el Puerto más cercano, a tres horas a paso de carreta. Allí había un recibidor del Consejo. Lanchas de cabotaje transportaban la mercancía hasta Puntarenas. Iban cargadas de: arroz, frijoles, maíz, cerdos. Junto a la mercancía, papá enviaba un saco de frijoles y uno de arroz al Hospicio de Huérfanos de Fray Casiano.

Mi padre había cambiado la finca de Avellana por nueve novillas y un torete. Así se inició como ganadero. Cada año, si podía, compraba un nuevo torete o un lote de novillas. Se sentía orgulloso de esos hermosos animales. Un día su mejor torete brahman no llegó junto al hato de ganado. El semental se había enfrentado a una Matabuey y lo encontró ya frío en el potrero. Como tenía un sentido trágico de la vida y un humor negro, cuando algo así sucedía o un negocio le salía mal, exclamaba con cierta amargura: “Que hijueputa vida, si me pongo a hacer gruperas, las yeguas nacen sin rabo”.

Financiado por el Banco Nacional, poco a poco y golpea golpe, fue aumentado su patrimonio. Una vez al mes salía a las tres de la mañana a lomo de mula, para ir a honrar sus deudas a la Oficina en Nandayure. Prefería las mulas a los caballos, a pesar de que eran asustadizas y nerviosas, éstas lo botaban cada vez que un ánima se aparecía en un recodo del camino. Furibundo la montaba de nuevo y las fustigaba como venganza.

Fueron pasando los años y ese hombre de hierro, luchaba a brazo partido por sostenerse y sostener a la familia. Era amigo de sus amigos y buen vecino. No hacía concesiones, ni a propios ni a extraños. Cuando alguno de los hijos pretendía salirse del canasto, lo ponía en su sitio. Y cuando alguno pretendía comprar algo fuera de sus posibilidades o se ponía a “fachentear”, exclamaba: “No se puede cagar cuadrado teniendo el culo redondo.”

Una aciaga tarde de marzo de 1963, regresaba de Nicoya, cuando cinco balazos lo impactaron por la espalda. Como siempre andaba armado y era un excelente tirador, tuvo tiempo de repeler el ataque, antes de caer de su caballo. Silverio Vásquez, unvecino con el que se había enemistado, le había disparado a mansalva. Los encontraron desangrándose y tirados en la calle. Cada familia hizo lo propio. Por la noche y recostado en su cama, era tan grande el dolor que sentía, que exclamaba: “Pídanle a la Virgen que me descanse”.

En medio de la trifulca y de la noche, improvisaron una camilla y en hombros lo llevaron hasta San Pedro, a unos 10 kilómetros. Era el lugar más cercano donde podía aterrizar una avioneta. Llegó al San Juan de Dios con una peritonitis aguda. Sobrevivió de milagro y por los rezos de mi madre. Tuvo que pasarse un mesen el Hospital y dos meses en San José, hasta que se recuperó. Aquella experiencia hizo mella en el carácter indomable de mi padre. Una enorme cicatriz surcaba su abdomen como testigo y como advertencia. Después de este incidente, su salud desmejoró al igual que su estado de ánimo. Tenía 54 años.

Me contó Gerardo Quesada que tiempo después de este hecho, papá fue a visitar Emiliano Quesada, suprimo, y conversando sobre lo sucedido les recomendó: “Nunca hagan de algo pequeño algo muy grande”. Se había enemistado con Silverio Vásquez por un malentendido.

Vida y trifulcas en El Bajo

Mi padre tenía 42 años y mi madre 39 cuando los hicieron abuelos. Corría el año 1952 y aún vivian en Avellana. A ellos todavía les quedaban tres hijos porllegar. Mi hermano menor, Juan de Dios (qepd), nació en agosto de 1957, el año siguiente de nuestra llegada a la Finca de El Bajo. Papá quedó tan asustado del parto anterior de mi madre, que se la llevó a parir al Hospital de San Ramón. ¡No era para menos!

Regresaron a la Finca con Juan de Dios de 40 días, en setiembre, mes de temporales y malos caminos, difíciles de transitar. El caballo de mamá se quedó pegado en un barrial, mamá perdió el equilibro y cayó al barro con el chiquito. A Juan de Dios, en lugar de agua bendita, lo bautizaron con barro.

Que chascarrio!, exclamaba papá.

Un día, tapando frijoles y absorto en sus pensamientos, mi hermano Eduardo (qepd), de 16 años, no escuchó los “chichiles” que le advertían que no se moviera y zazz, dos letales colmillos se clavaron en el tobillo izquierdo de aquel jovenzuelo, que detestaba los trabajos del campo. Efraín Castro, que estaba junto a él, actuó de inmediato, mató a la cascabel, le hizo un torniquete al muchacho, abrió la mordedura y chupó toda la sangre que pudo. Lo llevaron a la casa, lo aislaron de las mujeres y le dieron a tomar hiel de cascabel, un preparado que hacía Ramón García, curandero de la zona. Después de tres días bajo rezos y menjurjes, Eduardo regresó a la vida. Sobrevivió de milagro, por la pericia de Efraín Castro, Jesús Jiménez y el menjurje de Ramón García. ¡Gracias Efraín, gracias Jesús, gracias Ramón!

Rául y Roberto, hijos de Juan Rafael en la finca del Bajo.

Toda clase de serpientes reptaban por esos parajes: Matabuey, Cascabel, Terciopelo, Mica pintada, Sabanera, Bocaracá, Boas bécquer… Como la casa estaba montada sobre pilotes, debajo del piso se refugiaban boas bécquer. Mantenían la casa limpia de ratones y escasa de gallinas. Se creían parte de la familia y las encontrábamos haciendo siesta en las camas, enroscadas en las cadenas del techo, en los canastos de ropa, en las botas… De repente se escuchaban los alaridos de terror de Marixa, era una bécquer que, colgando de las cadenas de techo, amenazaba con caerle encima.

Así era la vida en los años 50´s y todos los 60´s. Papá seguía al frente de su finca y sus negocios con el apoyo de mi madre, haciendo, siempre haciendo. Hacía magia con sus manos. De una hoja verde, larga y gorda, sacaba fibras blancas y fuertes y tejía cabrestos. Su ayudante en la tejida sostenía tilinte las hebras de cabuya y papá tejía. ¡Ay del que soltara una hebra!

– ¡Queee, no pueden ni sostener un mecate!

Mis tres hermanas mayores se habían casado a mediados de los 50´s y la familia empezó a expandirse. Diez nuevos miembros llegaron en esos años. La mazorca se desgranaba poco a poco y papá lo resentía. Los varones comenzaron a dejar el nido.

Mi padre siempre practicó su deporte preferido, la cacería. Tenía la puntería de Guillermo Tell. Su disparo certero podía alcanzar un venado a 150 metros. Era cazador de a caballo, de venados y de domingos. La carne era un bien escaso en aquella época. Cuando papá cazaba comíamos carne de venado. Los domingos, si lográbamos alcanzar una gallina, terminaba en sopa. Carne res una vez perdida, chancho en Navidad, camarones de río en el verano, si algún trasnochador se aventuraba a camaronear.

En invierno, los temporales eran interminables y emocionantes, se prolongaban hasta por 15 días. El río Lajas arrastraba grandes tucos de madera, que flotaban como hojas en la fuerza de la corriente. Verlos pasar era parte de la diversión. Con grandes y chicos en la casa, a mi madre se le duplicaba la cocinada. Si por ahí correteaba un chancho gordo, pagaba los platos rotos, porque terminaba en chicharrones. Los “güilas” jugábamos Tresillo y Chilate y los grandes Tonto y Ron. En el Río aprendimos a nadar “perrito”, a hacer clavados, a saltar de piedra en piedra, a camaronear… El Río era nuestro Parque de Diversiones. A misa íbamos una o dos veces al año,c on el Padre Luis Vara Carro, un español bajito y simpático, igualito a mi hermano José Luis. Daba la misa en la pequeña Ermita de Santa Marta. Después de misa, parada obligatoria donde doña Chumina, hacedora de chicheme y de rosquillas. Con su andar de pato, sacaba de sus tinajas esa bebida refrescante, rosada y aromática y nos la ofrecía a 10 centavos el guacal. ¡Era el premio por ir a misa!

A ese mundo macondiano llegaban los personajes mas variopintos y todos tenían cobijo y comida en la casa de mis padres: Oscar Venegas, el Polaco; el del Ministerio de Salud, que con su DDT, nos dejaba la casa blanca y apestosa por semanas; Nene Rojas, el del Banco; Manuel, un comerciante de ganado; José Ángel Díaz, el Maestro de la Betania; Beto Lobo, un penitente encadenado a una botella y una tragedia de  amor, digna de una novela; el abuelo Filadelfo, un “lobo estepario”; el tío Villo, un “atorrante” huérfano de madre y de amor; y algunos otros “faruscas y aventaos”.

Cuando Manuel, “un carajo muy chirote” y vendedor de ganado aparecía sin reses, papá le preguntaba:

– Diay Manuel: ¿ahora qué anda vendiendo?

-Vendo cabras.

– ¿Cabras?

– Diay Juan: – ¡si no hay perros se montea con gatos!

Algunas tías nos visitaban. Tía Leonor, la hermana mayor bienamada de papá; la tía Josefina; la tía Emilse…Recibía un telegrama:

– Juan, mande a toparme a Hojancha.

Mi padre alistaba las bestias y se iba a toparles o mandaba a alguno de los muchachos. Güipipipíaaaa era el grito que anunciaba la llegada de tía Leonor. Con sus faldas de montar y su indomable carácter, no se le arrugaba a seis horas a caballo, al calcinante sol del verano guanacasteco, a los polvorientos caminos ni a los ríos. Nos visitaba todos los febreros. Otras veces era el abuelo Filadelfo, que se levantaba a las tres de la mañana a picar leña. Si no era la bruja Pancha, era el abuelo Filadelfo quienes perturbaban las silentes madrugadas.

Leonor, hermana de Juan Rafael. Crédito de Juan Molina.

Y así pasaba la vida, entre trifulca y trifulca y entre chascarrio y chascarrio. Sobrevivimos a todo: a los parásitos, al raquitismo, a los temporales, al Río, a las serpientes, al DDT… Cierto día mis padres regresaban de San Ramón y pasando el río Lajas en el pase de Betania, el caballo de mamá “tropicó” en medio río y ella cayó al agua. Papá, que no sabía nadar, se tiró para ayudarla. La corriente los arrastró y se estaban ahogando cuando apareció el Ángel de la Guarda disfrazado de José Ángel Díaz (qepd) y los sacó del agua. ¡Gracias José Ángel! Llegaron a la casa empapados y verdes del susto. Todo se les mojó: víveres, ropa, cuadernos, libros… que tuvimos que secar al sol.

Después del incidente con Silverio Vásquez, la salud de papá desmejoró notablemente. Se volvió hipertenso, diabético y cardiópata. Esa vida cuesta arriba que había tenido, comenzó a pasarle factura. Como ya se le dificultaba montar a caballo, compró su primer carro, un Land Rover de segunda con capote de lona. A mi hermano Roberto el tío Toño le sacó la Licencia, le dio una clase de manejo de media hora y tomó el volante desde San Ramón a la Finca El Bajo. Solo y principiante, manejó un día entero dando la vuelta por Liberia, única carretera en esa época.

Hijas de Juan Rafael y María Emelina en el 2005.

Mis padres siempre quisieron regresar a vivir a San Ramón. En 1968 hicieron el intento. Como la salud de papá estaba flaqueando, se fueron a vivir a San Juan, a la antigua casona de madera del abuelo Julio Rodríguez. Papá tenía la esperanza de que estando cerca de un Hospital y de los médicos, recuperaría su salud. Emprendió el viaje acompañado de mi madre, Marixa y Juan de Dios. La aventura no tuvo el éxito esperado y regresaron a su finca un año después.

Si los años 60´s habían sido difíciles, los 70´s no auguraban paz y tranquilidad. Papá era muy apegado a su familia. En 1963 murió su padre y entre 1967 y principios de 1971 murieron tres nietas y tía Guillermina, la hermana mayor de mi madre. Aun con duelos pendientes, la noche del 21 de marzo de 1971, tío Amado, su esposa Nelly, su hijo Fernando y su nieto Luis Fernando, perecieron en un accidente de tránsito en Vista de Mar de Nandayure. El carro en que viajaban derrapó y rodó a un precipicio, con seis ocupantes. Cuatro murieron, Jesús quedó muy malherido y Álvaro logró salir ileso. Al amanecer del 22 de marzo, un mensajero llegó a casa de mis padres con la infausta noticia. ¡Esa fue la gota que derramó el vaso!

Seis hijos de Juan Rafael con su madre María Emelina en el año 2002 cuando cumplió 90 años.

Como era hipertenso y cardiópata, no le dieron la noticia en el momento. Con la congoja a cuestas, mis hermanos Roberto y Melania se lo llevaron a Nicoya para que lo medicaran, antes de darle la noticia. Sedado, acompañó el cortejo fúnebre de cuatro ataúdes hacia el Cementerio de Hojancha. Poco tiempo después sufrió un primer “derrame cerebral” y quedó lesionado física y emocionalmente. Entonces la familia decidió trasladarse a vivir a Hojancha, más cercanos a algunos servicios básicos, como centros de salud. Allí papá había comprado una finca de 16 hectáreas en 25 mil colones. La familia aún la conserva.

El hombre fuerte, trabajador y decidido que habíamos tenido como padre comenzó a desmoronarse, afectado por las secuelas de los accidentes cerebrales, la diabetes y los duelos. A principios de1974 sufrió un nuevo AVC que lo doblegó por completo, dejándole postrado en una cama. Como  siempre, mi madre, su fiel compañera de vida, cuidó de él con dedicación y esmero.

Parte de la descendencia de Juan Rafael y María Emelina.

Mi padre fue un hombre auténtico, creativo, trabajador y visionario. Un resiliente que superó todo tipo de obstáculos, siempre con la frente en alto. El 13 de setiembre de 1974 papá trascendió, dejando tras de si, un legado de trabajo duro, esfuerzo, dedicación, responsabilidad, honradez y orgullo. Gracias papá por tu esfuerzo para que siempre pudiésemos enfrentar la vida con dignidad, responsabilidad y amor al trabajo.

¡Doy gracias a la vida por ser tu hija!

Curridabat, San José

Enero de 2021

La Noche de San Bruno

Por Fernando Gónzalez Vásquez

6 DE OCTUBRE DE 1889:
En la llamada “Noche de San Bruno”, se dio el enfrentamiento en San Ramón, entre los partidarios de José Joaquín Rodríguez Zeledón (Partido Constitucional Democrático) y los seguidores de Ascención Esquivel Ibarra (Partido Liberal Progresista), en la contienda electoral presidencial de ese año.


En la revuelta, murió asesinado de un balazo, RUFINO MORA RODRÍGUEZ, padre de Hermelinda Mora Carvajal y líder del rodriguismo en San Ramón. La turba -que pretendía incendiar la casa de la familia Acosta García, lo cual fue impedido por el cura José Piñeiro- inculpó injustamente a Aquiles Acosta García, jefe de acción de la directiva esquivelista. Es así como la familia de Juan Vicente Acosta Chaves (primer presidente municipal de San Ramón) , su esposa Jesusita García Zumbado y sus hijos, Aquiles, Julio, Máximo, Emilio, Raúl, Ulises, Luis, Ricardo y Horacio, se vieron obligados a abandonar San Ramón en horas de la madrugada, trasladándose a vivir en Alajuela.


Treinta años después y coincidiendo con la fecha, Julio Acosta García, como líder triunfante de la revolución contra los hermanos Tinoco, regresaría a su pueblo natal. El 5 de octubre de 1919, fue recibido por no menos de 200 jinetes (Paniagua, 1943).


6 DE OCTUBRE DE 1919:
Al mediodía, desde el balcón del Palacio Municipal, Julio Acosta García, Jorge Volio Jiménez, José María “Billo” Zeledón Brenes y Rafael Lino Paniagua Alvarado, dirigieron la palabra a una multitud de ramonenses. De ahí marcharon hacia el Cerro de El Tremedal, donde una niña colocó en la solapa una medalla de oro a don Julio Acosta y al General Jorge Volio se le dio la noticia de que la Municipalidad lo declaraba Hijo Adoptivo de San Ramón.

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